Mikel Nájera Lorenzo, de Pamplona, entró con su familia en los testigos de Jehová cuando tenía cuatro años: «me adoctrinaron desde pequeñico, nunca conocí otra cosa». En 2009, tras confesar una falta ante un comité judicial, fue expulsado de su congregación en Jerez. Cuando habló con La Voz del Sur tenía 39 años y llevaba casi diez fuera.
Lo más duro, cuenta, fue la expulsión en sí: el silencio de todas las personas que formaban su mundo. Su hermano, que es anciano, llevaba diez años sin dirigirle la palabra.
Rehacer su vida le llevó tiempo y ayuda: «Intentando socializar sin saber porque es como si te dejaran en medio del desierto. En el Salón del Reino lo tenía todo. Empecé la terapia y traté de ser una persona normal. Aun sigo yendo una vez al mes al psicólogo». El reportaje cuenta que celebró su primer cumpleaños a los 30, que estaba terminando Ingeniería Informática, que trabajaba en un instituto de FP y que pasaba las vacaciones con los amigos que había ido haciendo en esos años.
Hoy dedica parte de su tiempo a acompañar a otros: «ahora me siento bien y realizado, me gusta mucho ayudar a la gente que sale, que lo hace muy machacada psicológicamente».
Fuente: La Voz del Sur