Si alguna vez has hablado con alguien sobre las fechas que no se cumplieron, es posible que hayas oído o dado esta respuesta: la organización no es un falso profeta, porque nunca ha dicho que fuera profeta. Es un argumento serio, y conviene verlo con las palabras de la propia organización antes de compararlo con lo que publicó en otro momento.
Lo que dice la organización
El libro Razonamiento a partir de las Escrituras, que muchos testigos han usado en la predicación, responde a la pregunta «¿No han cometido errores los testigos de Jehová en sus enseñanzas?» así:
«Los testigos de Jehová no afirman que son profetas inspirados. Han cometido equivocaciones. Al igual que los apóstoles de Jesucristo, a veces se han equivocado en las expectativas que han tenido». (pág. 160)
El mismo libro recuerda que los primeros discípulos tuvieron «ciertas expectativas equivocadas, pero la Biblia no los clasifica por eso entre los “falsos profetas”», y pone el ejemplo del profeta Natán, que rectificó cuando Dios le aclaró un asunto (pág. 158).
¡Despertad! del 22 de marzo de 1993 explica el criterio con más detalle. Habla de quienes, a lo largo de la historia, anunciaron el fin para una fecha concreta, y dice que, si expresaron expectativas basadas en su propia interpretación, no se les debería tachar de falsos profetas:
«No afirman que sus predicciones sean revelaciones directas de Jehová y que por lo tanto estén profetizando en Su nombre». (pág. 3)
En una nota de la página 4 lo aplica a los testigos: «propusieron fechas que resultaron erróneas», pero «en ninguno de esos casos se tomaron la libertad de hacer predicciones ‘en el nombre de Jehová’. Nunca dijeron: ‘Estas son las palabras de Jehová’». La nota recoge también frases de La Atalaya desde el siglo XIX, como «Nosotros no tenemos el don de profetizar» (enero de 1883, edición en inglés).
La posición actual es la misma: «El Cuerpo Gobernante no recibe revelaciones divinas ni es infalible» (La Atalaya, febrero de 2017, pág. 26, párr. 12). Lo tienes con más contexto en ¿Qué ocurre cuando el Cuerpo Gobernante se equivoca?.
La distinción tiene sentido: no es lo mismo interpretar mal un texto que hablar en nombre de Dios.
Lo que publicó La Atalaya en 1972
La Atalaya del 1 de septiembre de 1972 publicó un artículo titulado «‘Sabrán que un profeta estuvo entre ellos’». Después de preguntar si Jehová tiene hoy «un profeta para ayudarles, para advertirles de los peligros y declararles cosas venideras», responde: «Estas preguntas pueden contestarse afirmativamente». Y lo identifica:
«Este “profeta” no era un solo hombre, sino que era un cuerpo de hombres y mujeres. Era el grupito de seguidores de los pasos de Jesucristo, que se conocían en ese tiempo como Estudiantes Internacionales de la Biblia. Hoy se les conoce como testigos cristianos de Jehová». (pág. 517)
El artículo compara la obra de este grupo con la de Ezequiel y concluye que sus miembros ungidos «fueron manifiestamente el Ezequiel del día moderno, el “profeta” comisionado por Jehová para declarar las buenas nuevas del reino mesiánico de Dios y dar advertencia a la cristiandad» (págs. 518-519). Al final añade que «las naciones verán el cumplimiento de lo que estos testigos dicen según se les dirige desde el cielo» y que «dentro de poco tiene que llegar el tiempo en que las naciones tendrán que saber que realmente un “profeta” de Jehová estuvo entre ellas» (pág. 520).
Para ser justos con el texto: escribe «profeta» entre comillas, habla de un «profeta» «colectivo o compuesto» (pág. 520) y no dice que el grupo reciba revelaciones nuevas. Pero tampoco lo presenta como una simple interpretación humana. Y propone una forma de comprobarlo:
«Por supuesto, es fácil decir que este grupo actúa como “profeta” de Dios. Otra cosa es probarlo. La única manera en que se puede hacer esto es repasando el registro». (pág. 517)
El criterio de Deuteronomio 18
El texto bíblico al que remiten tanto los críticos como la propia organización dice así en la Traducción del Nuevo Mundo actual:
«Si algún profeta se atreve a decir en mi nombre algo que yo no le he mandado o habla en el nombre de otros dioses, ese profeta tiene que morir. Sin embargo, puede que digas en tu corazón: “¿Cómo sabremos que Jehová no ha dicho esas palabras?”. Si el profeta habla en el nombre de Jehová y las palabras no se cumplen ni se hacen realidad, entonces Jehová no ha dicho esas palabras. El profeta las ha dicho con arrogancia. No debes tenerle miedo». (Deuteronomio 18:20-22)
La organización usa este pasaje para evaluar a otros. El artículo de ¡Despertad! de 1993 lo aplica a predicciones del papa Gregorio I, de Lutero o de William Miller (pág. 3), y Razonamiento advierte, citando Deuteronomio 18, que para ser profeta verdadero «no basta con sencillamente afirmar que lo representan» (pág. 157). Es decir, el criterio que propone es el mismo para todos: importa si alguien habla en nombre de Dios, no solo si se equivoca.
Preguntas para pensarlo con calma
La explicación de 1993 descansa en una línea divisoria: interpretar no es profetizar. El artículo de 1972 describe a los testigos ungidos como «el “profeta” comisionado por Jehová» y dice que hablan «según se les dirige desde el cielo». Cada lector puede valorar a qué lado de esa línea queda. Algunas preguntas que pueden ayudar:
- ¿Qué diferencia ves entre «interpretar mal un texto» y presentarse como el «profeta» comisionado por Jehová? ¿En cuál de los dos casos encaja, a tu juicio, el artículo de 1972?
- El propio artículo dijo que la única manera de probarlo era «repasando el registro». Si haces ese repaso hoy, con las fechas de la cronología, ¿qué encuentras?
- Si un grupo de otra religión hubiera escrito sobre sí mismo lo mismo que ese artículo, ¿cómo le aplicarías Deuteronomio 18:22?
- ¿Te parece justo distinguir entre quien interpreta con buena fe y quien habla en nombre de Dios? ¿Qué haría falta para saber en cuál de los dos lados está una enseñanza concreta?
Hay creyentes que, después de leer estos textos, siguen confiando en la organización porque entienden que nunca reclamó inspiración; otros sienten que las dos afirmaciones no encajan. Las dos reacciones son comprensibles. Todas las citas proceden de la biblioteca en línea oficial, y puedes leer los artículos completos para formarte tu propia opinión.
Para seguir: en el paso 3 del recorrido tienes las fechas que no se cumplieron y cómo se explicaron después; en el paso 4, en qué se basa la autoridad del Cuerpo Gobernante; en ¿Qué ocurre cuando el Cuerpo Gobernante se equivoca?, cómo explica la organización sus cambios; y en la cronología de fechas, lo que se esperaba en 1914, 1925 y 1975.
Fuentes
- Razonamiento a partir de las Escrituras: «Falsos profetas». págs. 156-161Publicación de la organización
- ¡Despertad!, 22 de marzo de 1993: «¿Por qué tantas falsas alarmas?». págs. 3-4 y nota de la pág. 4Publicación de la organización
- La Atalaya (edición de estudio), febrero de 2017: «¿Quién dirige hoy al pueblo de Dios?». pág. 26, párr. 12Publicación de la organización
- La Atalaya, 1 de septiembre de 1972: «‘Sabrán que un profeta estuvo entre ellos’». págs. 517-520Publicación de la organización
- Deuteronomio 18 (Traducción del Nuevo Mundo). versículos 20-22Publicación de la organización
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